En el mundo de la logística y el freight forwarding, hay una regla no escrita que todos seguimos casi por defecto: “Si funciona, no lo cambies”. Y vaya que el correo electrónico ha funcionado. Ha sido el canal por excelencia para la mayoría de las interacciones entre freight forwarders, clientes y proveedores. Pero, si nos detenemos a pensar un momento, ¿realmente está funcionando tan bien como creemos? ¿O es simplemente una herramienta que usamos porque ya nos acostumbramos a ella?
Hoy en día, la transformación digital se ha convertido en una especie de mantra, pero cuando llegamos al tema de servicio al cliente, muchos en la industria aún dependen de un sistema que es, por decirlo suavemente, arcaico: el correo electrónico. No me malentiendas, el email ha sido un caballo de batalla; sin embargo, hay un punto crítico en el que debemos preguntarnos: ¿Es suficiente? ¿Es el mejor método para entregar una experiencia al cliente que se sienta fluida, eficiente y personalizada? Spoiler alert: no lo es.


