La industria del freight forwarding ha sobrevivido por décadas con una mezcla de procesos manuales, hojas de Excel y un personal que ha aprendido a “hacer que funcione” sin importar cuán ineficiente sea. No es un sector que haya sido diseñado para la digitalización, empezando por las navieras, y cada intento de transformación parece chocar contra la misma barrera: el cambio no se gestiona, se impone. Y ahí es donde todo se desmorona.
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