Imaginemos un poco: una gran empresa de logística, con años de experiencia y operaciones bien engrasadas, decide dar el salto a la tecnología más puntera. La promesa es irresistible: automatización completa, tiempos de respuesta más rápidos, costos controlados. Pero cuando el nuevo sistema finalmente se despliega, el caos no tarda en desatarse. Los operadores no saben cómo usarlo, los gerentes están confundidos sobre su rol en el cambio, y en lugar de mejorar, la productividad cae.
¿Por qué algo que parecía tan prometedor puede acabar siendo un desastre?


